SÁLVESE QUIEN PUEDA





AGOSTO 1, 2017



LOS MILLENIALS HACEN SU ENTRADA EN EL ENTORNO LABORAL CON UNA SERIE DE EXIGENCIAS QUE ESTÁN DESEQUILIBRANDO LAS EMPRESAS. ¿CUÁL ES EL TIEMPO PARA QUE USTED NO SE PREOCUPE?





Contar con horarios flexibles, poder trabajar a distancia, tirar a la basura el reloj checador, recibir motivación constantemente y obtener retroalimentación todo el tiempo son algunas de las nuevas prestaciones que el colectivo generacional más grande hasta ahora hace al empezar a trabajar. Más de un empleador levanta la ceja pensando: “Y este, ¿qué se cree?”. Los millenials se han ganado a pulso una fama de niños mimados. Los consintieron sus padres mientras crecían, sus maestros les reconocían sus esfuerzos y no tanto sus logros y, ahora, esperan que sus jefes continúen esta dinámica donde ellos, su bienestar y su entretenimiento están en el centro.


Son exigencias grandes sobre todo para alguien que aún no ha demostrado qué y cuánto puede aportar a una empresa. Promete, sí. Está preparado, mucho. Pero, ¿logra objetivos?, ¿es capaz de sostener un rendimiento?, ¿contagia su metodología?, ¿aguanta los tiempos difíciles y las grillas? Eso solo puede probarlo el tiempo.


Para las empresas puede ser sumamente retador tener a tres generaciones en el mismo espacio: los baby boomers, la generación equis y los hijos del milenio. Cada una de ellas con prioridades, sensibilidades y capacidades sumamente distintas. Así, el hecho de tener que “consentir” a los más jóvenes frente a los demás puede generar tensión entre el resto de los empleados.


Los boomers, que probaron ser de acero, comienzan a enfilarse rumbo a la jubilación; los equis, que han trabajado como ninguno y han sabido adoptar una tecnología nueva tras otra, todavía tienen algunos años más. Los millenials tienen pocos años de estar trabajando, no buscan una contratación de planta, no han reflexionado que no tendrán una pensión asegurada, pero son políglotas, flexibles, conocedores y han viajado más este último año que lo que un boomer ha hecho en toda su vida.


En este territorio tan incierto, ¿quién se salva?, ¿el empleador impositivo?, ¿las generaciones más viejas?, ¿los recién llegados?, o francamente, ¿el que pueda?


Las exigencias de los millenials son grandes, pero tampoco están completamente fuera de quicio ni son imposibles de satisfacer. Es decir, con algunos ajustes muchos trabajos podrían replantear sus horarios, hacerlos corridos o con nuevos turnos. O bien, se podrían negociar periodos vacacionales o fines de semana. Una empresa, también puede ganar en el esquema millenial. Puede ganar un horario extendido, aunque no ortodoxo; lealtad y admiración de sus nuevas contrataciones, algo que jamás le darán los equis; la atracción y retención del talento más joven que, nos guste o no, será el motor de trabajo de los próximos años .


Habrá otros sectores donde sea más complicado replantear el esquema profesional. Ahí será el millenial el que tendrá que poner más de su parte y aprender a encontrar sus satisfactores más allá de la esfera laboral.


Y entonces, ¿quién se salva? Se salva el que pueda… adaptarse